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        <title>Catajarria Literaria - Miedos</title>
        <link>http://catajarria-literaria.mozello.com/cuento-de-la-semana/miedos/</link>
        <description>Catajarria Literaria - Miedos</description>
                    <item>
                <title>Miedos</title>
                <link>http://catajarria-literaria.mozello.com/cuento-de-la-semana/miedos/params/post/3920163/</link>
                <pubDate>Fri, 05 Nov 2021 22:26:00 +0000</pubDate>
                <description>&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cuento de Antón Chéjov (Rusia. 1860-1904).&lt;/span&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;En todo el tiempo que he vivido en este
mundo tuve miedo sólo tres veces. El primer miedo, que me produjo el hormigueo
en el cuerpo y me puso los pelos de punta, obedeció a una causa insignificante,
pero extraña. Una vez, por no tener nada que hacer, me dirigí a la estafeta
postal para buscar los periódicos. Era un atardecer tranquilo, caluroso, casi
sofocante, como aquellos atardeceres monótonos del mes de Julio, que, una vez
comenzados, se prolongan en una serie continuada durante una o dos semanas,
acaso más aún, y de pronto los interrumpe bruscamente una tormenta fuerte y un
soberbio chaparrón cuyo electo refrescante puede durar varios días.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Se ha puesto el sol y una sombra gris
cubría toda la tierra. En el aire inmóvil, estancado, se condensaban
emanaciones empalagosas de hierbas y flores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Iba yo en un simple carro tirado por el
caballo de carga. Detrás, puesta la cabeza en un saco de avena, dormía roncando
suavemente el hijo del jardinero, Pashka, un chico de ocho años, que me
acompañaba por si fuera necesario en algún momento cuidar del caballo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Íbamos por el estrecho, pero recto como
una flecha camino vecinal, que se escondía más adelante igual que una serpiente
en medio del centeno alto y tupido. Lentamente avanzaba el pálido crepúsculo;
la franja aún iluminada del cielo se diluía cubierta con una nube estrecha y
deforme, que primero parecía un bote y luego una persona envuelta en una
manta...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Anduve así dos o tres verstas hasta que
empezaron a crecer sobre el fondo pálido del ocaso, uno tras otro, siluetas de
álamos, altos y esbeltos, luego apareció un río luminoso y se extendió de
pronto ante mis ojos, como por arte de magia, un hermoso panorama. Había que
detener al caballo, porque el camino recto se cortaba y seguía luego por una
vertiente escarpada cubierta de arbustos. Nos quedamos parados en la cima de la
colina y debajo de nosotros se abría un gran pozo, un espacio lleno de
tinieblas y de formas extrañas. En el fondo de este pozo, sobre ancha planicie,
vigilada por la hilera de álamos y acariciada por el brillo del río se
albergaba la aldea. Ahora, la aldea ya estaba dormida... Sus chozas, la iglesia
con el campanario y los árboles se destacaban sobre el crepúsculo gris y sus
imágenes oscuras se reflejaban en la superficie pulida del río. Desperté a
Pashka para que no se cayera del carro y comencé a bajar lentamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¿Ya llegamos a Lúkovo? −preguntó
Pashka, levantando la cabeza perezosamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−Hemos llegado. Agarra las riendas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Guie al caballo hacia abajo y observé
la aldea. Desde el primer vistazo me sorprendió un asunto extraño: en lo más
alto del campanario, en una minúscula ventana, entre la cúpula y las campanas
vibraba una lucecita. Parecía la de un candil, que por unos instantes se
apagaba y luego, de pronto, resplandecía de nuevo. ¿De dónde venía esa luz? Me
resultaba incomprensible su origen. No podría haber ninguna llama detrás de la
ventanita, porque en la parte alta del campanario no se encontraban ni iconos,
ni candiles; allí, lo sabía perfectamente, se acumulaban solamente vigas de
madera, polvo y telarañas; subir hasta allí era muy difícil, porque desde el
campanario la entrada estaba clausurada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Esta llamita parecía ser más bien el
reflejo de una luz exterior, pero aguzando con todas las fuerzas mi vista, no
pude distinguir ningún otro punto luminoso en todo este enorme espacio que se
extendía delante de mí. Tampoco había luna. La pálida, casi apagada franja del
crepúsculo no podía reflejarse en el campanario, porque la ventanita no daba al
poniente, sino al este. Todas esas reflexiones pasaban por mi cabeza mientras
descendía junto con el caballo. Al bajar, me subí otra vez al carro y observé
de nuevo la lucecita. El centelleo seguía como antes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−&quot;¡Qué extraño! −pensé, perdiéndome
en conjeturas-. Muy extraño&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Y se apoderó de mí, poco a poco, una
sensación harto desagradable. Al principio pensé que estaba enfadado por no
poder explicar un hecho sencillo, pero luego, cuando volví la cabeza
aterrorizado para no ver la lucecita y me aferré a Pashka, me di cuenta de que
se estaba apoderando de mí el miedo... Me embargó el sentimiento de soledad, de
angustia y temor, corno si me hubieran arrojado contra mi voluntad en ese
enorme pozo lleno de tinieblas donde me enfrentaba al campanario que me
observaba con su ojo encarnado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¡Pashka! −grité aterrorizado, cerrando
los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;b&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;−&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;¿Si?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−Pashka, ¿qué es esa luz, la de arriba,
la del campanario?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pashka miró el campanario por encima de
mi hombro y bostezó:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¿Quién sabe?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Este corto diálogo con el muchacho me
tranquilizó un poco, pero no por mucho tiempo. Pashka se dio cuenta de mi
ansiedad, observó con sus grandes ojos la lucecita, me miró de nuevo, luego
miró otra vez la lucecita...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¡Tengo miedo!... −susurró.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pues entonces, fuera de mí por el
miedo, estreché con un brazo al muchacho contra mi pecho y di un fuerte
latigazo al caballo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;− &quot;¡Qué tontería! −me decía a mí
mismo-. Este fenómeno es aterrador porque es inexplicable... Todo lo
inexplicable es misterioso y por eso mismo aterrador&quot;. Trataba de
convencerme, pero al mismo tiempo seguía fustigando al caballo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Al llegar a la estafeta postal, me
entretuve adrede una hora charlando con el jefe de la estación, leí dos, tres
diarios, pero el malestar no me abandonaba todavía. En el camino de regreso la
lucecita había desaparecido, sin embargo siluetas de chozas, de álamos y de la
colina, a la que teníamos que ascender, me parecían objetos animados. Pero cuál
fue el origen de aquella lucecita, no lo pude averiguar hasta hoy.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Por segunda vez sufrí un fuerte ataque
de pavor, su causa fue también insignificante... Volvía de una cita amorosa,
era la una de la mañana, cuando toda la naturaleza se encuentra sumida en un
sueño más profundo y más dulce, que precede a la madrugada. Pero aquella vez la
naturaleza no estaba dormida y la noche no podría llamarse serena. Silbaban
codornices, rascones, ruiseñores, becacinas, chirriaban grillos y saltamontes;
se extendía una ligera neblina sobre el pasto y en el cielo, dejando de lado la
luna pasaban las nubes corriendo quién sabe adónde. La naturaleza no dormía,
como si temiera perder los mejores momentos de su vida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Estaba caminado por un sendero estrecho
al borde mismo del terraplén del ferrocarril. La luz de la luna se deslizaba
por los rieles ya cubiertos de rocío. Grandes sombras de las nubes pasaban a
cada rato por el terraplén. Adelante a lo lejos se distinguía una serena y
opaca lucecita verde.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−&quot;Quiere decir, que todo está en
orden&quot;, − pensé yo, observándola.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Sentía en el alma silencio, paz y una
sensación de bienestar. Volvía de una cita, no había ningún apuro, no tenía
ganas de dormir, con cada respiro, con cada paso que retumbaba en medio de los
rumores uniformes de la noche me sentía joven y saludable. No me acuerdo bien
de todas mis sensaciones de aquel momento, ¡pero sí me acuerdo de haberme
sentido bien, muy bien! Después de haber caminado no más de una versta, escuché
de pronto detrás de mí un sonido monótono, como si fuera el opaco murmullo de
un riacho grande. Con cada segundo el sordo fragor se acercaba más y su
intensidad aumentaba. Miré hacia atrás: a cien pasos se distinguía el bosque
oscuro que acababa de atravesar. Allí el terraplén doblaba hacia la derecha
trazando un hermoso semicírculo y perdiéndose en la espesura. Me detuve
perplejo y esperé. Inmediatamente apareció en la curva de la vía una enorme
mole negra que, siguiendo los carriles, se dirigía hacia mí y pasó a mi lado
con la velocidad de un pájaro. En menos de medio minuto la mole desapareció y
el ruido se incorporó a los rumores de la noche.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Era un simple vagón de carga. El mismo
no representaba nada especial, pero su aparición, sin la locomotora de noche,
me pareció asombrosa. ¿De dónde provenía y qué clase de fuerza lo empujaba para
que corriera con tanta velocidad por los carriles de la vía? ¿Adónde iba?&lt;/span&gt;&lt;br&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;
Si fuera supersticioso hubiera pensado que los diablos y las brujas se dirigían
a sus bailes nocturnos y hubiera seguido mi camino; pero lo que sucedió me
resultaba totalmente inexplicable. No podía creer a mis propios ojos y me
perdía en las conjeturas, como la mosca en una telaraña...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Y sentí de pronto que estaba muy solo,
solo en todo ese enorme espacio: la noche, que me pareció huraña, observaba mi
rostro y espiaba mis pasos; todos los sonidos, los gritos de los pájaros y el
susurro de los árboles ya me parecieron siniestros, que existían solo para
perturbar mi imaginación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Aceleré mis pasos y sin darme cuenta
eché a correr corno loco, más y más rápido. Y escuché enseguida el gemido
lastimoso de los cables telegráficos, que antes no había notado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−&quot;¡Al diablo!&quot; −pensaba,
tratando de avergonzarme-.&quot;Es una cobardía, es una estupidez...&quot;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pero la cobardía es mucho más fuerte
que el sentido común. Caminé más tranquilo recién cuando me acerqué corriendo a
la luz verde donde distinguí la garita del guardabarreras y a él mismo parado
al lado del terraplén.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¿Lo viste? −pregunté jadeante.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¿A quién? ¿Qué te pasa?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¡Pasó por aquí un vagón!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−Lo vi... −dijo el hombre con desgano. −Se
desprendió del tren de carga. En la versta ciento veintiuna hay una pendiente
abrupta... El tren arrastra los vagones hacia arriba. No aguantaron las cadenas
del último vagón que se desprendió y corrió hacia atrás... ¡A ver, si lo
alcanzan ahora...!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El extraño fenómeno tuvo su explicación
y desapareció la sensación de algo fantástico. El miedo también desapareció y
pude seguir mi camino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La tercera vez que sentí miedo muy
fuerte ocurrió en el atardecer de una primavera temprana, al volver de caza. El
camino del bosque estaba lleno de charcos de agua a causa de la reciente lluvia
y la tierra chapoteaba bajo mis pies. El cielo rojo del ocaso atravesaba todo
el bosque, coloreando el follaje joven y los troncos, de los abedules. Me había
cansado mucho y me movía apenas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Unos cinco o seis verstas antes de
llegar a casa, en el sendero del bosque, me encontré con un gran perro negro,
de raza &quot;terranova&quot;. Al cruzarse conmigo, el perro me miró fijamente
a la cara y siguió corriendo.&lt;/span&gt;&lt;br&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;
−&quot;Qué buen perro&quot;... −pensé-. &quot;¿De quién será?&quot;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Miré hacia atrás. El perro estaba
parado a diez pasos de distancia y seguía mirándome fijamente. Un minuto,
callados, nos estuvimos observando uno al otro, luego el perro, quizás halagado
por mi atención, se acercó meneando la cola...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Seguí mi camino. El perro detrás.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−&quot;¿A quién pertenece ese
perro?&quot; −me preguntaba-.&quot;¿De dónde viene?&quot;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Conocía a todos los terratenientes y
sus perros de caza en 30 ó 40 verstas alrededor. Ninguno tenía un
&quot;terranova&quot; similar. ¿De dónde pudo haber venido para encontrarse en
este bosque perdido, en el camino que nadie frecuentaba excepto los leñadores
con sus carros? Tampoco pudo haberse extraviado de algún viajero casual, porque
nadie seguiría este camino que no llevaba a ninguna parte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Me senté en un tronco y empecé a
observar detenidamente a mi compañero de ruta. El también se sentó, levantó la
cabeza y con su mirada penetrante me miró... Me miraba sin pestañear. No sé si
a causa del profundo silencio, de las sombras y de los sonidos del bosque o,
quizá, por haberme cansado tanto, pero bajo la mirada fija de los ojos del perro
me sentí de pronto aterrorizado... Me acordé de Fausto y de su bull-dog, de las
alucinaciones que sufren las personas extremadamente cansadas. Me bastó para
levantarme bruscamente y tratar de alejarme con rapidez, pero el terranova me
siguió...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;−¡Vete, fuera!− grité otra vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El perro volvió la cabeza, me miró
fijamente y movió la cola con alegría. Era evidente, que mi tono severo le
parecía divertido. Debería haberlo acariciado, pero la visión del bull-dog de
Fausto no me abandonaba y el miedo se hacía más y más agudo... La oscuridad se
tornaba más espesa y esto me hacía más impresionable: cada vez que el perro se
me acercaba y me tocaba con su cola meneante, yo cerraba los ojos horrorizados.
Sucedió lo mismo que me había pasado con el campanario o con el vagón
extraviado: no aguanté más y corrí...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Encontré en casa al huésped, a un viejo
amigo mío, quien después de haber saludado, comenzó a quejarse: mientras venía
en un coche camino a mi casa, se perdió en el bosque y su buen perro de raza
quedó atrás y se perdió también.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;moze-center&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Fin&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description>
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