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        <title>Catajarria Literaria - Luvina</title>
        <link>http://catajarria-literaria.mozello.com/cuento-de-la-semana/luvina/</link>
        <description>Catajarria Literaria - Luvina</description>
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                <title>Luvina</title>
                <link>http://catajarria-literaria.mozello.com/cuento-de-la-semana/luvina/params/post/3504129/</link>
                <pubDate>Thu, 12 Aug 2021 05:23:00 +0000</pubDate>
                <description>&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cuento de Juan Rulfo (México, 1917-1986)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;


&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;De
los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está
plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal
con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma
que sube hacia Luvina la nombran Cuesta de la Piedra Cruda. El aire y el sol se
han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por allí es blanca y
brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer; aunque
esto es un puro decir, porque en Luvina los días son tan fríos como las noches
y el rocío se cuaja en el cielo antes que llegue a caer sobre la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;...Y
la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un
fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas
barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en
tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. Un
viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que
apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus
manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de
sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas
blancas. Pero el chicalote pronto se marchita. Entonces uno lo oye rasguñando
el aire con sus ramas espinosas, haciendo un ruido como el de un cuchillo sobre
una piedra de afilar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Ya
mirará usted ese viento que sopla sobre Luvina. Es pardo. Dicen que porque
arrastra arena de volcán; pero lo cierto es que es un aire negro. Ya lo verá
usted. Se planta en Luvina prendiéndose de las cosas como si las mordiera. Y
sobran días en que se lleva el techo de las casas como si se llevara un
sombrero de petate, dejando los paredones lisos, descobijados. Luego rasca como
si tuviera uñas: uno lo oye mañana y tarde, hora tras hora, sin descanso,
raspando las paredes, arrancando tecatas de tierra, escarbando con su pala
picuda por debajo de las puertas, hasta sentirlo bullir dentro de uno como si
se pusiera a remover los goznes de nuestros mismos huesos. Ya lo verá usted.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;El
hombre aquel que hablaba se quedó callado un rato, mirando hacia afuera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Hasta
ellos llegaba el sonido del río pasando sus crecidas aguas por las ramas de los
camichines, el rumor del aire moviendo suavemente las hojas de los almendros, y
los gritos de los niños jugando en el pequeño espacio iluminado por la luz que
salía de la tienda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Los
comejenes entraban y rebotaban contra la lámpara de petróleo, cayendo al suelo
con las alas chamuscadas. Y afuera seguía avanzando la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─¡Oye,
Camilo, mándanos otras dos cervezas más! ─volvió a decir el hombre. Después
añadió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Otra
cosa, señor. Nunca verá usted un cielo azul en Luvina. Allí todo el horizonte
está desteñido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra
nunca. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar
los ojos; todo envuelto en el calín ceniciento. Usted verá eso: aquellos cerros
apagados como si estuvieran muertos y a Luvina en el más alto, coronándolo con
su blanco caserío como si fuera una corona de muerto...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Los
gritos de los niños se acercaron hasta meterse dentro de la tienda. Eso hizo
que el hombre se levantara, fuera hacia la puerta y les dijera: “¡Váyanse más
lejos! ¡No interrumpan! Sigan jugando, pero sin armar alboroto.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Luego,
dirigiéndose otra vez a la mesa, se sentó y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Pues
sí, como le estaba diciendo. Allá llueve poco. A mediados de año llegan unas
cuantas tormentas que azotan la tierra y la desgarran, dejando nada más el
pedregal flotando encima del tepetate. Es bueno ver entonces cómo se arrastran
las nubes, cómo andan de un cerro a otro dando tumbos como si fueran vejigas
infladas; rebotando y pegando de truenos igual que si se quebraran en el filo
de las barrancas. Pero después de diez o doce días se van y no regresan sino al
año siguiente, y a veces se da el caso de que no regresen en varios años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“...Sí,
llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra, además de estar reseca
y achicada como cuero viejo, se ha llenado de rajaduras y de esa cosa que allí
llama ‘pasojos de agua’, que no son sino terrones endurecidos como piedras
filosas que se clavan en los pies de uno al caminar, como si allí hasta a la
tierra le hubieran crecido espinas. Como si así fuera.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Bebió
la cerveza hasta dejar sólo burbujas de espuma en la botella y siguió diciendo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Por
cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para
allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no
se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y
usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí
sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca. Está allí como si allí hubiera
nacido. Y hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno,
apretada contra de uno, y porque es oprimente como un gran cataplasma sobre la
viva carne del corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“...Dicen
los de allí que cuando llena la luna, ven de bulto la figura del viento
recorriendo las calles de Luvina, llevando a rastras una cobija negra; pero yo
siempre lo que llegué a ver, cuando había luna en Luvina, fue la imagen del
desconsuelo... siempre.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Pero
tómese su cerveza. Veo que no le ha dado ni siquiera una probadita. Tómesela. O
tal vez no le guste así tibia como está. Y es que aquí no hay de otra. Yo sé
que así sabe mal; que agarra un sabor como a meados de burro. Aquí uno se
acostumbra. A fe que allá ni siquiera esto se consigue. Cuando vaya a Luvina la
extrañará. Allí no podrá probar sino un mezcal que ellos hacen con una yerba
llamada hojasé, y que a los primeros tragos estará usted dando de volteretas
como si lo chacamotearan. Mejor tómese su cerveza. Yo sé lo que le digo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Allá
afuera seguía oyéndose el batallar del río. El rumor del aire. Los niños
jugando. Parecía ser aún temprano, en la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;El
hombre se había ido a asomar una vez más a la puerta y había vuelto. Ahora
venía diciendo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Resulta
fácil ver las cosas desde aquí, meramente traídas por el recuerdo, donde no
tienen parecido ninguno. Pero a mí no me cuesta ningún trabajo seguir
hablándole de lo que sé, tratándose de Luvina. Allá viví. Allá dejé la vida...
Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado. Y ahora
usted va para allá... Está bien. Me parece recordar el principio. Me pongo en
su lugar y pienso... Mire usted, cuando yo llegué por primera vez a Luvina...
¿Pero me permite antes que me tome su cerveza? Veo que usted no le hace caso. Y
a mí me sirve de mucho. Me alivia. Siento como si me enjuagara la cabeza con
aceite alcanforado... Bueno, le contaba que cuando llegué por primera vez a
Luvina, el arriero que nos llevó no quiso dejar siquiera que descansaran las
bestias. En cuanto nos puso en el suelo, se dio media vuelta:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Yo
me vuelvo ─nos dijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Espera,
¿no vas a dejar sestear a tus animales? Están muy aporreados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Aquí
se fregarían más ─nos dijo─ mejor me vuelvo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Y
se fue dejándose caer por la Cuesta de la Piedra Cruda, espoleando sus caballos
como si se alejara de algún lugar endemoniado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Nosotros,
mi mujer y mis tres hijos, nos quedamos allí, parados en la mitad de la plaza,
con todos nuestros ajuares en nuestros brazos. En medio de aquel lugar en donde
sólo se oía el viento...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Una
plaza sola, sin una sola yerba para detener el aire. Allí nos quedamos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Entonces
yo le pregunté a mi mujer:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿En
qué país estamos, Agripina?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Y
ella se alzó de hombros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Bueno,
si no te importa, ve a buscar dónde comer y dónde pasar la noche. Aquí te
aguardamos ─le dije.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Ella
agarró al más pequeño de sus hijos y se fue. Pero no regresó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Al
atardecer, cuando el sol alumbraba sólo las puntas de los cerros, fuimos a
buscarla. Anduvimos por los callejones de Luvina, hasta que la encontramos
metida en la iglesia: sentada mero en medio de aquella iglesia solitaria, con
el niño dormido entre sus piernas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Qué
haces aquí Agripina?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Entré
a rezar ─nos dijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Para
qué? ─le pregunté yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Y
ella se alzó de hombros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Allí
no había a quién rezarle. Era un jacalón vacío, sin puertas, nada más con unos
socavones abiertos y un techo resquebrajado por donde se colaba el aire como un
cedazo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Dónde
está la fonda?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─No
hay ninguna fonda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Y
el mesón?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─No
hay ningún mesón&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Viste
a alguien? ¿Vive alguien aquí? ─le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Sí,
allí enfrente... unas mujeres... Las sigo viendo. Mira, allí tras las rendijas
de esa puerta veo brillar los ojos que nos miran... Han estado asomándose para
acá... Míralas. Veo las bolas brillantes de su ojos... Pero no tienen qué
darnos de comer. Me dijeron sin sacar la cabeza que en este pueblo no había de
comer... Entonces entré aquí a rezar, a pedirle a Dios por nosotros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Porqué
no regresaste allí? Te estuvimos esperando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Entré
aquí a rezar. No he terminado todavía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Qué
país éste, Agripina?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“ Y
ella volvió a alzarse de hombros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Aquella
noche nos acomodamos para dormir en un rincón de la iglesia, detrás del altar
desmantelado. Hasta allí llegaba el viento, aunque un poco menos fuerte. Lo
estuvimos oyendo pasar encima de nosotros, con sus largos aullidos; lo
estuvimos oyendo entrar y salir de los huecos socavones de las puertas;
golpeando con sus manos de aire las cruces del viacrucis: unas cruces grandes y
duras hechas con palo de mezquite que colgaban de las paredes a todo lo largo
de la iglesia, amarradas con alambres que rechinaban a cada sacudida del viento
como si fuera un rechinar de dientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Los
niños lloraban porque no los dejaba dormir el miedo. Y mi mujer, tratando de
retenerlos a todos entre sus brazos. Abrazando su manojo de hijos. Y yo allí,
sin saber qué hacer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Poco
después del amanecer se calmó el viento. Después regresó. Pero hubo un momento
en esa madrugada en que todo se quedó tranquilo, como si el cielo se hubiera
juntado con la tierra, aplastando los ruidos con su peso... Se oía la
respiración de los niños ya descansada. Oía el resuello de mi mujer ahí a mi
lado:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Qué
es? ─me dijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Qué
es qué? ─le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Eso,
el ruido ese.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Es
el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Pero
al rato oí yo también. Era como un aletear de murciélagos en la oscuridad, muy
cerca de nosotros. De murciélagos de grandes alas que rozaban el suelo. Me
levanté y se oyó el aletear más fuerte, como si la parvada de murciélagos se
hubiera espantado y volara hacia los agujeros de las puertas. Entonces caminé
de puntitas hacia allá, sintiendo delante de mí aquel murmullo sordo. Me detuve
en la puerta y las vi. Vi a todas las mujeres de Luvina con su cántaro al
hombro, con el rebozo colgado de su cabeza y sus figuras negras sobre el negro
fondo de la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Qué
quieren? ─les pregunté─ ¿Qué buscan a estas horas?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“
Una de ellas respondió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Vamos
por agua.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Las
vi paradas frente a mí, mirándome. Luego, como si fueran sombras, echaron a
caminar calle abajo con sus negros cántaros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“
No, no se me olvidará jamás esa primera noche que pasé en Luvina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“...¿No
cree que esto se merece otro trago? Aunque sea nomás para que se me quite el
mal sabor del recuerdo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;─Me
parece que usted me preguntó cuántos años estuve en Luvina, ¿verdad...? La
verdad es que no lo sé. Perdí la noción del tiempo desde que las fiebres me lo
enrevesaron; pero debió haber sido una eternidad... Y es que allá el tiempo es
muy largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van
amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche.
Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una
esperanza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Usted
ha de pensar que le estoy dando vueltas a una misma idea. Y así es, sí señor...
Estar sentado en el umbral de la puerta, mirando la salida y la puesta del sol,
subiendo y bajando la cabeza, hasta que acaban aflojándose los resortes y
entonces todo se queda quieto, sin tiempo, como si viviera siempre en la
eternidad. Esto hacen allí los viejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Porque
en Luvina sólo viven los puros viejos y los que todavía no han nacido, como
quien dice... Y mujeres sin fuerzas, casi trabadas de tan flacas. Los niños que
han nacido allí se han ido... Apenas les clarea el alba y ya son hombres. Como
quien dice, pegan el brinco del pecho de la madre al azadón y desaparecen de
Luvina. Así es allí la cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Sólo
quedan los puros viejos y las mujeres solas, o con un marido que anda donde
sólo Dios sabe dónde... Vienen de vez en cuando como las tormentas de que les
hablaba; se oye un murmullo en todo el pueblo cuando regresan y un como gruñido
cuando se van... Dejan el costal de bastimento para los viejos y plantan otro
hijo en el vientre de sus mujeres, y ya nadie vuelve a saber de ellos hasta el
año siguiente, y a veces nunca... Es la costumbre. Allí le dicen la ley, pero
es lo mismo. Los hijos se pasan la vida trabajando para los padres como ellos
trabajaron para los suyos y como quién sabe cuántos atrás de ellos cumplieron
con su ley...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Mientras
tanto, los viejos aguardan por ellos y por el día de la muerte, sentados en sus
puertas, con los brazos caídos, movidos sólo por esa gracia que es la gratitud
del hijo... Solos, en aquella soledad de Luvina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Un
día traté de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera
buena. ‘¡Vámonos de aquí! ─les dije─. No faltará modo de acomodarnos en alguna
parte. El Gobierno nos ayudará.’&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Ellos
me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que sólo
se asomaba una lucecita allá muy adentro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿Dices
que el Gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú no conoces al Gobierno?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Les
dije que sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─También
nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la
madre de Gobierno.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Yo
les dije que era la Patria. Ellos movieron la cabeza diciendo que no. Y se
rieron. Fue la única vez que he visto reír a la gente de Luvina. Pelaron los
dientes molenques y me dijeron que no, que el Gobierno no tenía madre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Y
tienen razón, ¿sabe usted? El señor ese sólo se acuerda de ellos cuando alguno
de los muchachos ha hecho alguna fechoría acá abajo. Entonces manda por él
hasta Luvina y se lo matan. De ahí en más no saben si existe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Tú
nos quieres decir que dejemos Luvina porque, según tú, ya estuvo bueno de
aguantar hambres sin necesidad ─me dijeron─. Pero si nosotros nos vamos, ¿quién
se llevará a nuestros muertos? Ellos viven aquí y no podemos dejarlos solos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Y
allá siguen. Usted los verá ahora que vaya. Mascando bagazos de mezquite seco y
tragándose su propia saliva. Los mirará pasar como sombras, repegados al muro
de las casas, casi arrastrados por el viento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─¿No
oyen ese viento? ─les acabé por decir─. Él acabará con ustedes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“─Dura
lo que debe de durar. Es el mandato de Dios ─me contestaron─. Malo cuando deja
de hacer aire. Cuando eso sucede, el sol se arrima mucho a Luvina y nos chupa
la sangre y la poca agua que tenemos en el pellejo. El aire hace que el sol se
esté allá arriba. Así es mejor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Ya
no volví a decir nada. Me salí de Luvina y no he vuelto ni pienso regresar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“...Pero
mire las maromas que da el mundo. Usted va para allá ahora, dentro de pocas
horas. Tal vez ya se cumplieron quince años que me dijeron a mí lo mismo:
‘Usted va a ir a San Juan Luvina.’&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;En
esa época tenía yo mis fuerzas. Estaba cargado de ideas... Usted sabe que a
todos nosotros nos infunden ideas. Y uno va con esa plata encima para plasmarla
en todas partes. Pero en Luvina no cuajó eso. Hice el experimento y se
deshizo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“San
Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el
purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay
ni quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que
allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades. Y eso
acaba con uno. Míreme a mí. Conmigo acabó. Usted que va para allá comprenderá
pronto lo que le digo..&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“¿Qué
opina usted si le pedimos a este señor que nos matice unos mezcalitos? Con la
cerveza se levanta uno a cada rato y eso interrumpe mucho la plática. ¡Oye ,
Camilo, mándanos ahora unos mezcales!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;“Pues
sí, como le estaba yo diciendo...”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Pero
no dijo nada. Se quedó mirando un punto fijo sobre la mesa donde los comejenes
ya sin sus alas rondaban como gusanitos desnudos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Afuera
seguía oyéndose cómo avanzaba la noche. El chapoteo del río contra los troncos
de los camichines. El griterío ya muy lejano de los niños. Por el pequeño cielo
de la puerta se asomaban las estrellas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #01070d&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;El
hombre que miraba a los comejenes se recostó sobre la mesa y se quedó dormido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-right&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot; class=&quot;moze-large&quot;&gt;(1953)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-right&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-large&quot;&gt;En&lt;/span&gt;&lt;em style=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-large&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em style=&quot;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;moze-large&quot;&gt;El llano en
llamas&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;span style=&quot; float: none;&quot;&gt;



&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;</description>
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