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        <title>Catajarria Literaria - El universo humano</title>
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        <description>Catajarria Literaria - El universo humano</description>
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                <title>El universo humano</title>
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                <pubDate>Fri, 05 Aug 2022 20:18:00 +0000</pubDate>
                <description>&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot;&gt;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cuento de Elmo Valencia, escritor colombiano (1926-2017).&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-center&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot;&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Había una
mujer tan bella que muy pronto quedó embarazada. Sin embargo, a nadie preocupó
lo más mínimo este hecho, muy normal dentro del prodigio de la naturaleza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Pero a
Cielo, que así se llamaba la mujer, le sucedió algo tan extraño que su embarazo
por un momento hizo temblar las leyes biológicas de la perpetuidad de nuestra
especie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Sucedió que
fueron pasando los meses, y a Cielo, como es de suponerse, le crecía el
vientre. ¿Por qué no? ¿Acaso no le había crecido a Eva y Brigitte Bardot? ¿Por
qué entonces no le podía crecer el vientre a Cielo, también criatura de Dios y
tan bella?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Pero pasaron
las nueve lunas y el alumbramiento no llegó y vinieron otras lunas y a Cielo le
siguió creciendo el vientre. ¿Qué hacer ante este hecho tan alarmante como
desconocido? ¿Qué decían al respecto los libros sagrados de las parturientas?
¿Castigo de Dios? ¿Obra del diablo? ¿Mal de ojo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Sin embargo,
una noche Cielo se dio cuenta de que en lugar de haber dado luz hacia fuera,
había dado luz hacia adentro. Su hijo había nacido dentro de su propio cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Con gran
serenidad de ánimo la madre se fue adaptando al nuevo proceso involutivo, y el
hijo, como si se hubiera resignado desde un comienzo a su absurda situación,
comenzó a organizar su vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cielo se
puso a desarrollar a base de reflejos un desconocido amor maternal por ese
cuerpecito que llevaba adentro y que a veces se movía como un gato. Primero lo
sintió gatear; las rodillas del nene se hundían en ese blando almohadón que es
la capa basal del endometrio. Luego lo sintió caminar: la cabeza le rozaba
algunas vísceras, y Cielo, con la leche agriada, caía en otra estación de la
vigilia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Ante su
sorpresa, los pasos del niño no la lastimaban en lo más mínimo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Pasaron los
años y Cielo, atenta a sus movimientos, trataba de seguirlo, y a cada instante
se preguntaba en qué meridiano de su vientre el pequeño estaría parado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;¿Cómo
llamarlo? ¡Ícaro! ¿Por qué no? Al fin y al cabo Ícaro es un nombre hermoso.
¿Acaso Ícaro no quiso alcanzar el cielo? Así que Cielo decidió ponerle por
nombre Ícaro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Un día Cielo
oyó ruidos extraños. Eran monosílabos, palabras entrecortadas. El niño quería
aprender a hablar. Entonces Cielo le enseñó a decir &quot;mamá&quot;, a decir
&quot;Cielo&quot; y a decir &quot;Ícaro&quot;. Desde ese momento el pequeño fue
entendiendo el significado de los sonidos y una vez posesionado del esplendor
de las palabras, comenzó a desarrollarse entre madre e hijo la aventura de un
diálogo que no terminaría sino en la separación definitiva de uno de los dos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;-Ícaro,
¿quieres un caballito?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;-Sí, mamá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Y Cielo se
tragó un caballito de madera para que su hijo jugara con él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Y luego le
envió más juguetes, llegando hasta el extremo de tragarse en diciembre un pino
y las bombillitas rojas para que Ícaro tuviera también su árbol de navidad, e
Ícaro lo plantó y lo alumbró y de noche el fabuloso vientre rosado de Cielo
parecía una lámpara iluminando el mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Y aunque
parezca mentira, aquel diciembre el niño Dios le trajo como regalo de navidad
un trencito eléctrico. A partir de ese momento, Cielo se acostumbró a quedarse
profundamente dormida cuando el juguete comenzaba a hacer taque-taque-taque.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cuando
cumplió siete años, Cielo le envió cuadernos y lápices de colores para que
aprendiera a leer y escribir. Y aprendió muy bien. Su primera frase fue:
&quot;Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza&quot;; y su primera lectura:
&quot;Las aventuras de tío conejo&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Y el niño
fue creciendo y comenzó a indagar por todo y hasta llegó a preocuparse por el
origen de las cosas: &quot;Mamá, ¿quién hizo al mundo?&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;&quot;Mamá,
¿qué fue primero, la gallina o el huevo?&quot;. Y Cielo le contestaba maravillosamente
con la bondad en la boca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Cuando se
sintió hombre Ícaro decidió estudiar filosofía para hallar una respuesta a las
preguntas:&quot; ¿Quién soy?&quot;, &quot;¿qué hago aquí encerrado?&quot;.
Entonces Cielo se tragó desde &quot;La República&quot; de Platón hasta &quot;El ser y la
nada&quot;. Al final, no encontrando en la filosofía la respuesta que buscaba,
decidió ser astronauta y así se lo comunicó a su madre. La mujer escuchó su
súplica y una noche, sin que nadie la viera, se tragó un vestido espacial y un
cohete.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class=&quot;moze-justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #010305&quot; class=&quot;moze-huge&quot;&gt;Ícaro empezó
a prepararse para la gran aventura. Cuando llegó el momento levantó vuelo y
comenzó a sondear el Universo de Cielo. Recorrió su cintura; bajó varias veces
por sus muslos hasta el límite de los pies; estudió con detenimiento el
corazón, pues le mortificaba saber que ese órgano tan lleno de bondad y
sabiduría fuera tan falsamente comprendido; atravesó la vía láctea de sus senos
dejando en su pecho un resplandor de luz anaranjada. Se internó por la garganta
y conoció la andrómeda de sus labios, subió hasta los dos astros de sus ojos y
allí, por vez primera, Cielo e Ícaro se miraron mutuamente. Le dio varias
vueltas al planeta del cerebro, avanzó tal vez buscando el milagro de la vida
por entre los brillantes tejidos de la carne, se cercioró de la blancura de los
huesos y finalmente, embriagado de tanta belleza, cayó en el torrente
circulatorio de Cielo y allí entre la espuma del tiempo y de la sangre hasta
que Ícaro se agotó como un meteoro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;





&lt;p&gt;&lt;/p&gt;</description>
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